La obra es una personificación de la energía pura y la abundancia desbordante de la naturaleza, encarnada en la figura de la Diosa del Vino.
El rostro de Dionisia, con ojos serenos y profundos, emerge del centro de una explosión vegetal. La textura es rica, matérica, con pinceladas atrevidas y expresivas que le dan vida y relieve. Su cabeza está coronada por un enrejado orgánico de racimos de uvas maduras y hojas de parra entre pinceladas de fucsia neón e inscripciones sutiles y fragmentadas que añaden un toque contemporáneo y un halo de misterio a la obra, como si la propia diosa estuviera susurrando secretos antiguos, recordándonos que Dionisia no es solo una figura estática, sino una fuerza viva, invitando al espectador a sumergirse en el mundo de la diosa, en un mundo de abundancia.
2.000,00 €